Es de noche y la Luna no se acerca. Las estrellas lloran frío mientras mi corazón suspira de amor. Me gusta volverme loco en las noches como ésta, escuchar poesía y ponerme a escribir como un poseso, bohemio como ninguno, apartado del mundo real, abstraído en mis propias ilusiones y viviendo de la imaginación, descargando todos mis sentimientos en un teclado de ordenador en mitad de la oscuridad de mi cuarto, soñando que algún día la felicidad completa vendrá para abrazarme. Hasta entonces, me conformaré con escribir desde la soledad de mis noches.
http://www.youtube.com/watch?v=T6dCo3m5BK0
lunes, 6 de septiembre de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
Moonriver
Días duros los que han pasado; durísimos los que vendrán...
Yo también quiero mi Tiffany's.
Yo también quiero mi Tiffany's.
sábado, 5 de junio de 2010
Esta madrugada
Se cierne sobre ti una angustia que no puedes describir con palabras. ¿En serio? Pues menudo fracasado...
Odio soñar cosas bonitas y darme cuenta de que nunca podrán llegar a ser verdad. Tendré que conformarme con el maldito mundo terrenal, oscuro y desdichado, vacío de alegrías.
¿Por qué siempre tiene que amanecer?
Odio soñar cosas bonitas y darme cuenta de que nunca podrán llegar a ser verdad. Tendré que conformarme con el maldito mundo terrenal, oscuro y desdichado, vacío de alegrías.
¿Por qué siempre tiene que amanecer?
viernes, 28 de mayo de 2010
#4
martes, 25 de mayo de 2010
miércoles, 5 de mayo de 2010
Cóctel de venenos
A veces quizá me creas una serpiente, y no te voy a negar que mi lengua es viperina y mis colmillos destilan veneno.
También puedes confundirme con un hábil y astuto zorro, y confieso que disfruto maquinando y conspirando contra mis enemigos, escondiéndome tras un arbusto y agarrando a los cachorros cuando están indefensos.
¿O soy un escorpión? Siempre a la defensiva, con el aguijón dispuesto a matar en cuanto alguien se acerque con malas intenciones, corriendo el peligro de destruirme a mí mismo…
En efecto, soy todos eso, y quizá mucho más. Pero sólo te voy a decir una cosa: aprende a dominarme, intenta domesticarme, y todos los depredadores se verán reducidos a un simple gatito que se restregará contra tu cuerpo y te dará lametazos.
También puedes confundirme con un hábil y astuto zorro, y confieso que disfruto maquinando y conspirando contra mis enemigos, escondiéndome tras un arbusto y agarrando a los cachorros cuando están indefensos.
¿O soy un escorpión? Siempre a la defensiva, con el aguijón dispuesto a matar en cuanto alguien se acerque con malas intenciones, corriendo el peligro de destruirme a mí mismo…
En efecto, soy todos eso, y quizá mucho más. Pero sólo te voy a decir una cosa: aprende a dominarme, intenta domesticarme, y todos los depredadores se verán reducidos a un simple gatito que se restregará contra tu cuerpo y te dará lametazos.
jueves, 22 de abril de 2010
Stand by me

Hace días que no escribo nada. Quizá porque no he logrado avanzar, o porque he avanzado tanto que no necesito escribir aquí. Aunque, si es la primera opción, quiere decir que ahora he avanzado (no sé si para bien o para mal), y si es la segunda, quiere decir que he retrocedido...
El caso es que sigo como siempre, con mis tres cosas buenas y mis veintisiete malas... Intentaría compensar la balanza, pero no sé si merece del todo la pena.
jueves, 25 de marzo de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
En mi pueblo se llama companaje xD

El NiñoPan hoy se siente feliz. No sabe por qué, en realidad estaba triste hace unos minutos. Es tan bipolar... Parece que le hayan devuelto la miguilla de dentro y encima le hayan puesto unas lonchas de jamón york, ¡incluso queso! No sabe describir bien la situación, pero el caso es que está feliz, de momento. :)
jueves, 25 de febrero de 2010
Tristes palabras en la noche.
Neruda se equivocó al escribir su poema número 20. Dudo que pudiese escribir algo más triste que esto.
O quizá es que, para mí, éstas son las palabras más tristes de cuantas he podido leer o escribir durante mi corta y sufrida existencia.
Me digo que ya no amo, pero en el fondo sé que me miento para sentirme mejor, y al sentirme mejor me miento.
Y es que en realidad no estoy bien. No, no lo estoy… Sufro. Sufro porque no estás aquí, sufro porque recuerdo las horas como éstas en que tus labios se abrazaban a los míos. Sufro porque ya no me amas.
¿Tú me querías? Yo no lo sé, ni siquiera sé si lo sé. Quizás me tuvieses cariño, sólo tú lo puedes saber.
No debería dirigirme a ti. Tú ya no eres, tú ya no estás, tú ya no sientes.
La noche me abriga en su manto y me llora nostalgia. La Luna triste me quiere animar, pero su melancólica luz me acompaña en este dolor.
Porque así como yo te amo, también a ella la logras hipnotizar.
Tus manos ya no son mías, tu cuello se estremece bajo unos dedos que no son estos dedos.
Una lágrima mancha el papel. El papel se moja con una lágrima. Una lágrima que es mía, una lágrima que te pertenece.
Recuerdo las veces en que me miraste con el Sol en las pupilas, y recuerdo cuando llamaste a mi puerta con aquel corazón roto que me devolvías.
El cielo es negro como tu pelo, como mi alma y mi sangre, como mi vida desde que no estás.
Somos los que somos porque ya no somos. No somos los que fuimos porque somos los que somos.
Porque tú has cambiado y consigues volver a amar, pero las agujas de mi reloj se han parado en las horas que llevan tu nombre.
Y, a lo mejor, esto es lo último que escribo para ti. Porque me atormento, me atormentas, me atormenta.
Y ya que tus pálidos ojos no leerán estos escritos, voy a dejar de escribir.
Pero, antes de lanzar esta pluma, te voy a decir que, aún, a pesar de todo:
Te quiero.
O quizá es que, para mí, éstas son las palabras más tristes de cuantas he podido leer o escribir durante mi corta y sufrida existencia.
Me digo que ya no amo, pero en el fondo sé que me miento para sentirme mejor, y al sentirme mejor me miento.
Y es que en realidad no estoy bien. No, no lo estoy… Sufro. Sufro porque no estás aquí, sufro porque recuerdo las horas como éstas en que tus labios se abrazaban a los míos. Sufro porque ya no me amas.
¿Tú me querías? Yo no lo sé, ni siquiera sé si lo sé. Quizás me tuvieses cariño, sólo tú lo puedes saber.
No debería dirigirme a ti. Tú ya no eres, tú ya no estás, tú ya no sientes.
La noche me abriga en su manto y me llora nostalgia. La Luna triste me quiere animar, pero su melancólica luz me acompaña en este dolor.
Porque así como yo te amo, también a ella la logras hipnotizar.
Tus manos ya no son mías, tu cuello se estremece bajo unos dedos que no son estos dedos.
Una lágrima mancha el papel. El papel se moja con una lágrima. Una lágrima que es mía, una lágrima que te pertenece.
Recuerdo las veces en que me miraste con el Sol en las pupilas, y recuerdo cuando llamaste a mi puerta con aquel corazón roto que me devolvías.
El cielo es negro como tu pelo, como mi alma y mi sangre, como mi vida desde que no estás.
Somos los que somos porque ya no somos. No somos los que fuimos porque somos los que somos.
Porque tú has cambiado y consigues volver a amar, pero las agujas de mi reloj se han parado en las horas que llevan tu nombre.
Y, a lo mejor, esto es lo último que escribo para ti. Porque me atormento, me atormentas, me atormenta.
Y ya que tus pálidos ojos no leerán estos escritos, voy a dejar de escribir.
Pero, antes de lanzar esta pluma, te voy a decir que, aún, a pesar de todo:
Te quiero.
miércoles, 24 de febrero de 2010
El sueño triste de Peter Pan.
Peter despertó llorando. No estaba muy seguro de por qué lo hacía, si por despertar y descubrir que su felicidad no era real o por haberse atrevido a soñar con aquellos besos.
Recordaba a la perfección el olor de su pelo y la suavidad de su piel al besarla. Casi podía sentir su espalda bajo la yema de los dedos. Aún veía sus ojos azules, llenos de luz, y sus labios perfectos formando una sonrisa llena de amor.
Se pasó el dorso de la mano por los ojos y se secó las lágrimas. Aquello jamás podría suceder, y se odiaba por haberlo creído alguna vez. ¿Cómo había podido ser tan sumamente iluso, tan idiota, como para creer que algún día descansaría entre sus brazos la más bella criatura que jamás haya existido?
Destrozado, se vistió con desgana y salió al encuentro del objeto de su amor. Nunca podría entregarle un beso, pero tenía que soportar estar a su lado a cada momento. Incluso de vez en cuando sus manos se rozaban o su aroma flotaba hasta él. Suspiró y echó a volar.
Dicen que se puede crecer y aprender sin dejar de volar. Yo voy a intentarlo.
Recordaba a la perfección el olor de su pelo y la suavidad de su piel al besarla. Casi podía sentir su espalda bajo la yema de los dedos. Aún veía sus ojos azules, llenos de luz, y sus labios perfectos formando una sonrisa llena de amor.
Se pasó el dorso de la mano por los ojos y se secó las lágrimas. Aquello jamás podría suceder, y se odiaba por haberlo creído alguna vez. ¿Cómo había podido ser tan sumamente iluso, tan idiota, como para creer que algún día descansaría entre sus brazos la más bella criatura que jamás haya existido?
Destrozado, se vistió con desgana y salió al encuentro del objeto de su amor. Nunca podría entregarle un beso, pero tenía que soportar estar a su lado a cada momento. Incluso de vez en cuando sus manos se rozaban o su aroma flotaba hasta él. Suspiró y echó a volar.
Dicen que se puede crecer y aprender sin dejar de volar. Yo voy a intentarlo.
domingo, 21 de febrero de 2010
El beso de la tortura
¿Por qué nadie puede ponerse en mi lugar? ¿Por qué siempre tengo que ser yo el que camine solo?
No entiendo por qué no hay nadie esperándome al otro lado del río, no entiendo por qué el frío se apodera de mi corazón y lo vuelve azul. Recuerdo cuando todo era distinto y no tenía nada que temer, cuando mi felicidad era completa y no me sentía asquerosamente solo en este mundo lleno de falsas alegrías y verdaderos amores que no son para mí.
Lanzo un profundo suspiro cortante que hace sangrar mis labios y cierro los ojos para contener las lágrimas. Es inútil; escapan de todas maneras. Estoy llorando, pero no me importa. Ya no importa casi nada, en realidad. Me limito a contemplar el presente y recordar el pasado, temiendo el futuro.
A menudo mis ojos se detienen en ti, y sufren. Sufren porque recuerdan cómo era todo entre nosotros cuando tú me querías.
Y también en ti, sí. También en ti, que creaste unas esperanzas de cristal que luego estampaste contra el suelo y convertiste en un mar oscuro llamado llanto.
A veces pienso si todo esto no será una mentira, si no lloro sin motivo, si mi dolor no es un juego. Pero entonces tu rostro viene a mi mente y me doy cuenta de que no. Entonces sé que de verdad te quiero. Pero no eres el único objeto de mi amor. ¿Es eso posible? Algunos dicen que no, pero supongo que mi corazón necesita amar el doble para sufrir el doble de a gusto. Está tan acostumbrado a pasarlo mal que cada vez necesita más y más, como un heroinómano que cada día aumenta sus dosis.
Es tan oscura y sucia la soledad que corre por mis venas que quizá pronto no tenga vengas por las que dejarla correr. A lo mejor sería mejor cortarlas en este mismo momento y no prolongar esta tortura que me besa sin consuelo y me deja sin respiración. ¿O debo conformarme con recibir sus besos ya que los vuestros jamás dormirán en mis labios?
No entiendo por qué no hay nadie esperándome al otro lado del río, no entiendo por qué el frío se apodera de mi corazón y lo vuelve azul. Recuerdo cuando todo era distinto y no tenía nada que temer, cuando mi felicidad era completa y no me sentía asquerosamente solo en este mundo lleno de falsas alegrías y verdaderos amores que no son para mí.
Lanzo un profundo suspiro cortante que hace sangrar mis labios y cierro los ojos para contener las lágrimas. Es inútil; escapan de todas maneras. Estoy llorando, pero no me importa. Ya no importa casi nada, en realidad. Me limito a contemplar el presente y recordar el pasado, temiendo el futuro.
A menudo mis ojos se detienen en ti, y sufren. Sufren porque recuerdan cómo era todo entre nosotros cuando tú me querías.
Y también en ti, sí. También en ti, que creaste unas esperanzas de cristal que luego estampaste contra el suelo y convertiste en un mar oscuro llamado llanto.
A veces pienso si todo esto no será una mentira, si no lloro sin motivo, si mi dolor no es un juego. Pero entonces tu rostro viene a mi mente y me doy cuenta de que no. Entonces sé que de verdad te quiero. Pero no eres el único objeto de mi amor. ¿Es eso posible? Algunos dicen que no, pero supongo que mi corazón necesita amar el doble para sufrir el doble de a gusto. Está tan acostumbrado a pasarlo mal que cada vez necesita más y más, como un heroinómano que cada día aumenta sus dosis.
Es tan oscura y sucia la soledad que corre por mis venas que quizá pronto no tenga vengas por las que dejarla correr. A lo mejor sería mejor cortarlas en este mismo momento y no prolongar esta tortura que me besa sin consuelo y me deja sin respiración. ¿O debo conformarme con recibir sus besos ya que los vuestros jamás dormirán en mis labios?
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