A veces quizá me creas una serpiente, y no te voy a negar que mi lengua es viperina y mis colmillos destilan veneno.
También puedes confundirme con un hábil y astuto zorro, y confieso que disfruto maquinando y conspirando contra mis enemigos, escondiéndome tras un arbusto y agarrando a los cachorros cuando están indefensos.
¿O soy un escorpión? Siempre a la defensiva, con el aguijón dispuesto a matar en cuanto alguien se acerque con malas intenciones, corriendo el peligro de destruirme a mí mismo…
En efecto, soy todos eso, y quizá mucho más. Pero sólo te voy a decir una cosa: aprende a dominarme, intenta domesticarme, y todos los depredadores se verán reducidos a un simple gatito que se restregará contra tu cuerpo y te dará lametazos.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario